La identidad de la nación
Israel es una nación pequeña en Oriente Medio, del tamaño de una región, pero con un peso enorme en la historia, la fe y la política mundial. Cuna del pueblo judío y escenario de los relatos bíblicos, es tierra donde caminaron los patriarcas, los profetas y el propio Jesús. Para judíos, cristianos y musulmanes, este es suelo sagrado, y Jerusalén sigue siendo uno de los lugares más disputados y amados del planeta.
Cerca de tres de cada cuatro israelíes son judíos, divididos entre seculares, tradicionales, religiosos y ultraortodoxos, con formas muy diferentes de vivir la misma fe. Casi una quinta parte de la población es árabe, en su mayoría musulmana, con minorías cristianas y drusas. Esta convivencia, marcada por siglos de historia y por conflictos recientes, hace de Israel un mosaico de pueblos, lenguas y tradiciones reunidos en un territorio estrecho entre el mar Mediterráneo y el desierto.
Es también una de las sociedades más innovadoras del mundo. Conocida como la nación de las startups, Israel transformó un territorio pobre en recursos naturales en un polo de tecnología, agua, agricultura en el desierto y ciencia de vanguardia. La vida late entre lo moderno y lo antiguo: rascacielos en Tel Aviv, callejuelas milenarias en la Ciudad Vieja de Jerusalén, y el ritmo del Shabat que hace que el país entero desacelere cada semana.
En el ámbito espiritual, Israel guarda una paradoja profunda. Es la tierra donde nació el evangelio, pero donde muy pocos conocen a Jesús como Mesías. La mayoría del pueblo judío lo ve solo como una figura histórica, y los judíos que creen en él, llamados mesiánicos, son pocos miles y enfrentan rechazo y presión social. Entre los árabes hay comunidades cristianas antiguas que resisten, pero también muchos musulmanes sin ningún acceso al evangelio.
Orar por Israel es interceder por la paz de Jerusalén, por la reconciliación entre pueblos que viven uno junto al otro y por el día en que judíos y árabes reconozcan juntos a aquel que es la esperanza de las naciones. Es una tierra donde la promesa y el dolor caminan juntos, y donde Dios sigue escribiendo su historia.
Israel es un país estrecho y diverso, apretado entre el mar Mediterráneo al oeste y el desierto al este y al sur. En pocas horas de viaje se pasa de las playas y el verdor de Galilea al calor árido del Néguev, de las montañas de Jerusalén al punto más bajo de la Tierra, el mar Muerto, a unos 430 metros bajo el nivel del mar.
Bolitas crujientes de garbanzo fritas, servidas en pan pita con ensaladas y tahini.
Pasta de garbanzo con tahini, aceite de oliva y limón, presente en casi toda comida.
Huevos escalfados en salsa de tomate condimentada, plato típico del desayuno.
Sándwich en pan pita con berenjena frita, huevo cocido, hummus y ensalada, herencia de los judíos iraquíes.
Pan plano que acompaña casi todo, base de la comida de calle.
Cultura y espiritualidad
2a · La cultura
De la tarde del viernes al sábado, el país desacelera, las tiendas cierran y las familias se reúnen a la mesa.
Judíos, árabes, cristianos y drusos suelen acoger al visitante con generosidad.
Los israelíes hablan de forma franca y directa, lo que puede sonar brusco a quien viene de fuera.
Los lazos familiares son fuertes y los encuentros frecuentes, especialmente en las fiestas.
Judíos de muchos orígenes, árabes, drusos y otros conviven en un mismo territorio pequeño.
El calendario, la alimentación y el ritmo de vida están marcados por tradiciones religiosas.
2b · El campo
Áreas de batalla espiritual y cautiverio cultural que deben cubrirse en oración. Toca cada punto para comprender:
La mayoría del pueblo judío aún no reconoce a Jesús como el Mesías prometido.
Las tensiones entre judíos y árabes, y entre grupos religiosos, dañan la convivencia.
La religiosidad intensa no siempre lleva a una relación viva con Dios.
Buena parte de la sociedad vive alejada de toda fe, volcada al éxito y al consumo.
La fuerza y la autosuficiencia pueden sustituir a la dependencia de Dios.
Los judíos mesiánicos sufren presión, discriminación y aislamiento.
Muchos árabes musulmanes nunca han oído el mensaje de Cristo.
Décadas de guerra y pérdida alimentan el miedo, el duelo y el deseo de venganza.
La ciudad santa, símbolo de adoración, se ha vuelto también símbolo de división.
El éxito y la innovación pueden ocupar el lugar reservado a Dios.
Israel garantiza la libertad religiosa por ley y alberga comunidades judías, musulmanas, cristianas y drusas. Los cristianos árabes históricos, ligados a iglesias antiguas, en general viven su fe sin grandes impedimentos, aunque enfrentan tensiones locales.
La situación más delicada es la de los judíos que creen en Jesús, los mesiánicos, que suman pocos miles. Muchos relatan presión social, pérdida de empleos, hostilidad de grupos ultraortodoxos y acusaciones de traición a su propia identidad. Donde hay evangelización abierta, surgen protestas y campañas contra lo que llaman actividad misionera.
No se trata de una persecución estatal sistemática, sino de marginación y hostilidad provenientes de sectores de la sociedad. El mayor desafío no es tanto la prohibición como la barrera cultural y espiritual: anunciar a Jesús en un lugar donde su nombre carga siglos de heridas y malentendidos.
La puntuación de persecución va de 0 a 100: cuanto mayor, mayor la presión sobre los cristianos.
Israel reúne decenas de grupos de pueblos en un territorio pequeño, con especial peso de los muchos orígenes del pueblo judío y de la minoría árabe, en su mayoría musulmana. Buena parte de estos grupos aún se considera no alcanzada por el evangelio, y muchas lenguas siguen sin una traducción completa de la Biblia. El mayor desafío no es la falta de acceso físico, sino las barreras culturales y espirituales que rodean el nombre de Jesús en esta tierra.
Fuente de los datos de pueblos: Joshua Project (joshuaproject.net). Estimaciones, pueden variar.
Fuente: Joshua Project. Estimaciones, pueden variar.
Intercede por esta nación
Cada nación lleva un propósito redentor. Marcas que parecen formar parte de la identidad que Dios desea restaurar:
Logística para quien desea ir
uno de los más caros de Oriente Medio
Valores de referencia (base: Numbeo). Confírmalos antes de viajar.
No todos van, todos participan
Detrás de cada obrero entre estos pueblos hay una red de personas que ora sin cesar, cuida de la familia que se quedó y sostiene la obra con fidelidad. Enviar también es misión.
Comienza por tu iglesia: presenta esta nación, adóptala en oración continua y camina junto a quienes Dios está levantando para ir.
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